• Viajes, Experiencias... Libertad!
Social Open

Por Qué No Te Hacés Rico

Tiene que morir el personaje

Hay cosas que nos pasan a todos y cosas que son absolutamente personales.

Te podés romper la rodilla izquierda.
Te podés caer en un pozo.
Te podés quebrar un tobillo.

Eso es tu historia.

Pero después están las cosas que compartimos todos los seres humanos.

El miedo.
La traición.
El engaño.
La pérdida.
La incertidumbre.
Cambiar de trabajo.
Ganar poco.
Ganar más.
Sentirte insuficiente.
Buscar aprobación.

Eso nos pasa a todos.

Y por eso me gusta escuchar a las personas que llegaron antes.

Porque cuando escuchás a alguien que ya construyó dinero, patrimonio o libertad, descubrís algo muy curioso.

Muchos dicen exactamente lo mismo.

“Todo lo que pensé que me iba a hacer feliz, no me hizo tan feliz.”

Al principio perseguís dinero.

Mucho dinero.

Pensás que cuando llegues a determinado número todo se va a acomodar.

Pero después descubrís que cada nuevo nivel trae nuevas responsabilidades.

Más dinero.
Más presión.
Más decisiones.
Más riesgo.

Y ahí entendés algo.

La felicidad no estaba esperando en el próximo número de tu cuenta bancaria.

Por eso si hoy estás esperando hacerte rico para ser feliz, probablemente estés buscando en el lugar equivocado.

Porque si hoy sos un amargado, vas a seguir siendo un amargado con más dinero.

Y si hoy sos una persona plena, agradecida y en paz, el dinero simplemente va a amplificar eso.

Por eso primero tenés que hacer las paces con el dinero.

Porque la mayoría tiene una relación enferma con él.

Lo culpa de todo.

Culpa al dinero por su estrés.
Culpa al dinero por su tristeza.
Culpa al dinero por su frustración.

Pero el dinero no es el responsable de tu malestar.

El responsable sos vos.

El dinero simplemente expone lo que ya existe dentro tuyo.

Si sos inseguro sin dinero, vas a ser inseguro con dinero.

Si sos arrogante sin dinero, vas a ser arrogante con dinero.

Si sos agradecido sin dinero, vas a ser agradecido con dinero.

El dinero no crea personas.

Las revela.

Después aparece otra señal muy clara.

La queja.

La mayoría se queja cada vez que paga algo.

Paga impuestos y se enoja.

Paga una comida y se enoja.

Paga una consulta y se enoja.

Paga una mentoría y se enoja.

Nunca agradece que puede pagar.

Y eso muestra la relación que tiene con la abundancia.

Porque la abundancia no empieza cuando ganás más.

Empieza cuando aprendés a valorar lo que ya tenés.

También hay una realidad incómoda.

Nadie construye riqueza sin sacrificio.

Si ganás 700 dólares por mes, no podés vivir como alguien que gana 3.000.

Las matemáticas no negocian.

Tenés que ahorrar.
Tenés que construir.
Tenés que privarte de algunas cosas durante un tiempo.

Y sí.

Puede llevar años.

La generación actual quiere resultados en meses.

Pero la vida funciona distinto.

La paciencia sigue siendo una de las habilidades más rentables del planeta.

Y la prisa una de las más peligrosas.

Porque la prisa es hija de la duda.

Cuando tenés certeza aparece la paciencia.

Cuando sabés quién sos y hacia dónde vas, dejás de correr desesperadamente.

Simplemente seguís caminando.

Otra pregunta importante es:

¿Para qué querés dinero?

Porque cada respuesta genera una estrategia diferente.

Algunos quieren patrimonio.

Otros quieren libertad.

Otros quieren pagar todo al contado.

Otros quieren vivir viajando.

Otros quieren renta.

Otros quieren tranquilidad.

No existe una única definición de riqueza.

Por eso antes de preguntarte cuánto dinero querés, preguntate para qué lo querés.

Y después viene algo todavía más profundo.

El merecimiento.

La mayoría tiene un límite invisible.

Un techo emocional.

Si te valorás como un ocho, cualquier cosa que llegue por encima de ocho te va a incomodar.

Pasa con el amor.

Pasa con las relaciones.

Y también pasa con el dinero.

Si creés que el dinero es para otros…
si creés que se termina…
si creés que es escaso…
si creés que no sos capaz…

tu realidad siempre va a terminar confirmando esas creencias.

No porque sean verdad.

Sino porque actuás desde ellas.

El elefante es un gran ejemplo.

Cuando es pequeño lo atan con una cuerda.

Intenta escapar mil veces y no puede.

Después crece.

Tiene fuerza suficiente para arrancar árboles.

Pero sigue atado a la misma cuerda.

Y nunca se escapa.

No porque no pueda.

Sino porque cree que no puede.

Lo mismo pasa con muchas personas y el dinero.

Siguen viviendo con límites que dejaron de existir hace años.

Y ahí aparece una verdad incómoda.

La gente no siempre cobra por hora.

Un cirujano no cobra por una hora.

Cobra por haber dedicado años a convertirse en alguien capaz de hacer lo que hace.

Por eso ganar más no siempre tiene que ver con trabajar más.

Tiene que ver con el valor que sos capaz de aportar.

Y también con la percepción que tenés sobre vos mismo.

Porque muchas personas sienten culpa por ganar dinero.

Yo la sentí.

Pensaba:

“¿Cómo voy a gastar esto si hay gente que no llega a fin de mes?”

Y tuve que entender que la abundancia no es un acto de egoísmo.

Es un estado interno.

Porque la abundancia no es solamente dinero.

La abundancia es caminar por la playa.

Tomar un café.

Tener salud.

Poder abrazar a tu hijo.

Poder respirar.

Poder mirar el mar.

Poder elegir.

Eso también es riqueza.

Y cuando entendés eso, dejás de ponerle todo el poder al dinero.

La abundancia deja de ser un número.

Y se convierte en una forma de vivir.

Por eso la verdadera pregunta no es cuánto dinero tenés.

La verdadera pregunta es:

¿Qué es ser rico para vos?

¿Es un número?

¿Es una cuenta bancaria?

¿O es cómo te percibís?

Porque muchas veces lo único que separa tu vida actual de la siguiente versión de vos mismo es una muerte.

No una muerte física.

La muerte del personaje.

La muerte de la historia que te contaste durante años.

La muerte del “yo no puedo”.
Del “eso no es para mí”.
Del “prefiero vivir tranquilo”.
Del “los ricos son distintos”.

Tiene que morir ese personaje.

Para que nazca otro.

Y eso, en el fondo, es lo que muchos llaman crecimiento.

Y otros llaman libertad.

Deja una respuesta

Your email address will not be published.

You may use these <abbr title="HyperText Markup Language">HTML</abbr> tags and attributes: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>

*