Hace un tiempo entendí algo que me pegó fuerte.
Podés tener nueve puntos de tu vida funcionando y aun así sentir que tu vida está mal por el único punto que todavía no apareció.
Y lo más loco es que el punto cambia.
Hubo una época donde tenía dinero.
Podía viajar.
Podía salir.
Podía darme gustos.
Podía construir.
Pero me faltaba tiempo.
Y ese único punto hacía que no pudiera disfrutar todo lo otro.
Vivía ocupado.
Preocupado.
Pensando en lo que seguía.
Después la vida cambió.
Hoy tengo más tiempo.
Tengo salud.
Tengo familia.
Tengo paz.
Tengo experiencias nuevas.
Tengo más presencia.
Tengo espacio para pensar, crear y vivir distinto.
Pero apareció otro punto que falta.
Y de repente vuelvo a sentir lo mismo.
Entonces entendí algo incómodo:
Nunca fue el dinero.
Nunca fue el tiempo.
Nunca fue el viaje.
La mente tiene una tendencia rara:
dejar de ver los nueve puntos que funcionan y poner toda la atención en el único que todavía no llegó.
Y entonces empezamos a negociar nuestra felicidad.
Cuando tenga más tiempo.
Cuando genere más.
Cuando viaje.
Cuando compre.
Cuando venda.
Cuando llegue.
Pero el problema es que cuando llega… aparece otro punto.
Porque el ser humano no está diseñado para quedarse quieto.
Siempre va a querer crecer.
Y eso está bien.
El problema no es querer más.
El problema es dejar que el punto que falta destruya la capacidad de disfrutar los que ya existen.
Y ahí me apareció una pregunta:
¿Por qué nos enfocamos tanto en lo que no tenemos y tan poco en todo lo que sí?
No porque seamos desagradecidos.
Creo que porque confundimos carencia con dirección.
Creemos que donde falta algo está toda la respuesta.
Y muchas veces no.
Muchas veces el punto que falta solo está señalando el próximo lugar donde crecer.
Pero mientras tanto…
tu hijo sigue creciendo.
tu pareja sigue ahí.
tu cuerpo sigue funcionando.
tu familia sigue viva.
seguís aprendiendo.
seguís teniendo una oportunidad más.
No dejes de construir.
No dejes de desear.
No dejes de ir por más.
Solo acordate de algo:
si no aprendés a ver los nueve puntos de hoy, cuando llegue el décimo tampoco lo vas a disfrutar.
Porque ya vas a estar mirando el once.

