• Viajes, Experiencias... Libertad!
Social Open

No construyas un negocio primero. Construí la persona capaz de sostenerlo.

 

Hay algo que veo una y otra vez.

La mayoría de las personas recibe dinero y automáticamente piensa hacia afuera.

Reciben una herencia y compran algo.

Cobran una indemnización y buscan una inversión.

Trabajan diez o veinte años, ahorran, ahorran, ahorran… y cuando juntan algo lo ponen en una propiedad, acciones, un negocio o cualquier cosa que prometa seguridad.

Siempre hacia afuera.

Muy pocos se hacen una pregunta distinta:

¿Y si la mejor inversión fueras vos?

¿Por qué alguien puede invertir cien mil dólares en una propiedad, dejar el dinero dormido veinte años y jamás cuestionarlo… pero le da miedo invertir diez mil en convertirse en una mejor versión de sí mismo?

La respuesta para mí es simple:

Porque la mayoría no confía realmente en sí misma.

Porque no cree que pueda convertirse en alguien extraordinario.

Porque en el fondo piensa:

“La propiedad es segura. Yo no.”

Y ahí está el problema.

La gente no invierte en sí porque no cree en sí.

Porque si realmente supieras quién sos, si realmente vieras el potencial que llevás adentro, invertirías primero en vos y después en todo lo demás.

Imaginate un chico que sabe que juega muy bien al fútbol.

Tiene entrenadores que lo impulsan.

Tiene amigos que creen en él.

Tiene una familia que lo acompaña.

Le dan un poco de dinero.

¿Qué hace?

¿Compra departamentos?

No.

Invierte en entrenar.

Invierte en viajar.

Invierte en mejorar.

Invierte en su sueño.

Porque ya se ve ganando.

Y ahí entendí algo:

Uno no invierte en sí mismo cuando tiene dinero.

Uno invierte en sí mismo cuando tiene confianza.

Porque cuando aparece la confianza, desaparece el miedo.

Durante mucho tiempo creí que primero había que construir el negocio.

Primero hacer dinero.

Primero lograr cosas.

Primero llegar.

Pero después vi algo:

Hay personas que construyen negocios enormes… y se destruyen ellas mismas.

Llegan pero no pueden sostenerlo.

Ganan dinero y pierden paz.

Tienen reconocimiento y pierden salud.

Tienen éxito y pierden propósito.

Y entendí algo todavía más fuerte:

No importa lo que construyas.

Si vos no crecés más rápido que tu negocio, tarde o temprano tu negocio se convierte en tu cárcel.

Porque todo lo externo siempre pesa más que la estructura interna que lo sostiene.

Un árbol puede crecer hasta cierta altura.

Pero si las raíces no profundizan, el viento lo tira.

Yo vendo propiedades.

Y amo el real estate.

Creo que es uno de los negocios más lindos del mundo.

Pero veo personas comprar departamentos mientras siguen viviendo una vida que detestan.

Dejan el dinero quieto.

Esperan rentas.

Reniegan cuando algo se rompe.

Reniegan cuando un inquilino no paga.

Y siguen atrapados en trabajos que apenas soportan.

Y pienso:

¿Y si antes de comprar un departamento hubieras invertido en construir una versión más poderosa de vos?

¿Y si ese dinero hubiera ido a tu mente?

¿A tu cuerpo?

¿A experiencias?

¿A viajar?

¿A aprender?

¿A conocer personas?

¿A mudarte a una ciudad distinta?

¿A acercarte a la vida que realmente soñás?

Porque hay algo que entendí viajando por Latinoamérica, sentado en playas donde no tenía prácticamente nada:

Muchas veces no te falta dinero.

Te falta movimiento.

Te falta vida.

Te falta fuego.

Hay gente que ama el tenis.

Bueno.

Quizás su inversión no sea una propiedad.

Quizás sea entrenar todos los días y convertirse en un gran jugador.

Hay otros que aman viajar en moto.

Quizás su inversión sea salir al mundo, documentarlo, abrir un canal, conocer gente y descubrir un camino.

Hay otros que aman la inteligencia artificial.

Otros aman la música.

Otros los negocios.

Otros la fotografía.

No importa qué.

Lo importante es encontrar aquello donde sentís que el tiempo desaparece.

Porque ahí hay algo.

Dios suele hablar bajito.

Y muchas veces habla a través de lo que amás.

Para mí convertirse en tu mejor versión es volverte una espada filosa.

Afilar cuerpo.

Afilar mente.

Afilar espíritu.

Porque una espada oxidada no corta oportunidades.

Una persona apagada tampoco.

Entonces empezás a cambiar cosas:

Te levantás más temprano.

Entrenás.

Leés cosas que te elevan.

Escribís.

Pensás.

Buscás relaciones que te acerquen a tus sueños.

Te alejás de ambientes que te drenan.

Empezás a cuidar qué entra por tus ojos.

Qué escuchás.

Qué comés.

Con quién compartís tiempo.

Porque entendés algo:

Todo suma.

Y todo resta.

Y acá aparece algo del que hablo mucho en Tomando Café con Jesús.

El ruido.

Porque cuando hay demasiado ruido, no escuchás nada.

No escuchás tu intuición.

No escuchás tu conciencia.

No escuchás a Dios.

No escuchás hacia dónde ir.

Y vivimos llenos de ruido:

Pantallas.

Noticias.

Alcohol.

Vicios.

Opiniones.

Miedo.

Gente diciéndote quién deberías ser.

Por eso a veces Dios aparece más fácil en un bosque que en una ciudad.

Más fácil caminando solo que mirando una pantalla.

Más fácil en el mar que en una oficina.

Porque cuando hacés silencio, algo empieza a ordenarse.

Y otra cosa importante:

No te conviertas en tu mejor versión tres meses.

No hagas un reto y vuelvas a dormirte.

No funciona así.

Los tres meses mágicos sirven para despertarte.

Pero después empieza el verdadero trabajo.

Porque un médico estudia cinco años.

Después se especializa.

Después hace residencia.

Después recién empieza.

Y todavía le faltan años.

¿Por qué creemos que una vida extraordinaria se construye en sesenta días?

No funciona así.

La verdadera transformación ocurre cuando dejás de preguntarte cuánto falta.

Y empezás a enamorarte del proceso.

Hoy entiendo algo:

La mayoría quiere construir dinero.

Yo creo que primero hay que construir al hombre.

Porque cuando construís al hombre correcto…

El dinero llega.

Los negocios llegan.

Las relaciones llegan.

Las oportunidades llegan.

Pero cuando perseguís solo cosas externas, podés ganar el mundo y perderte a vos mismo.

Entonces antes de construir un negocio, una empresa o una inversión…

hacete una pregunta:

¿Me estoy convirtiendo en la persona capaz de sostener la vida que sueño?

Porque quizás tu mejor inversión nunca fue un departamento.

Quizás siempre fuiste vos.

Deja una respuesta

Your email address will not be published.

You may use these <abbr title="HyperText Markup Language">HTML</abbr> tags and attributes: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>

*