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Mi primer Ironman, un desafío imposible

El desafío imposible

Un día, sentado frente a mi computadora, perdido, desmotivado, buscando qué hacer con mi vida, esperando algo que encendiera la chispa de la motivación, me di cuenta de que estaba cansado. Cansado del trabajo, de la empresa, de la rutina de empresario y de las relaciones, en su mayoría superficiales.

Fue entonces cuando encontré algo que me llamó la atención: una competencia que supuestamente te convertía en un “súper hombre”. O algo así. Se trataba de un triatlón de larga distancia llamado Ironman, donde los competidores se demostraban a sí mismos de lo que eran capaces de lograr.

Esos días me obsesioné con el tema. Vi varios videos de competencias y escuché historias de personas que habían logrado completar un Ironman. Entonces, decidí que yo también quería convertirme en uno.

Lo primero que hice fue ir a comprar unas zapatillas de running y unas antiparras. Inflé mi bicicleta de montaña y me puse a buscar un entrenador por Facebook. Luego, fui a la librería y me compré dos libros sobre triatlón de larga distancia. Me los devoré en una semana.

Encontré un entrenador, le escribí y nos citamos en el parque. Me propuso correr una carrera de 5 km para evaluar mi estado físico. No pude completarla corriendo. Bueno, en realidad sí, pero caminando.

Le comenté que quería correr un Ironman. Me miró raro y me dijo:

—Bueno, vas a tener que darle con todo.

Así empezó el proceso. La primera semana los dolores fueron terribles. Me costaban mucho las tres disciplinas, pero seguía firme. Con el tiempo, este deporte me trajo amigos increíbles, algunos de los cuales se convirtieron en pilares en mi vida actual. Hermanos de la vida.

Pasaron unas semanas y todos me decían que empezara con un triatlón de distancia corta. Pero una mañana decidí anotarme directamente en el Ironman 70.3 de Punta del Este, ciudad que me encanta y que siento como mi hogar. La prueba consistía en 1.9 km nadando, 90 km en bicicleta y 21 km corriendo. Algo completamente imposible para mí en ese momento.

Fueron seis meses intensos, trabajando y entrenando. Lo mejor de todo eran las compañías, los amigos, los cafés, las charlas y todas las dudas que surgían. La ansiedad era enorme porque todavía estaba muy lejos del objetivo.

Faltaban cinco meses y no corría más de 6 km seguidos. Nunca había corrido una maratón de más de 10 km.
Faltaban cinco meses y nunca había participado en una competencia de natación o de ciclismo.
Pesaba 9 kg de más.
Nunca había hecho un triatlón de ninguna distancia.

Pasó el tiempo. Faltaba un mes y todavía no había corrido 21 km ni nadado toda la distancia de una sola vez. En la bicicleta me sentía un poco más seguro, pero igual estaba lejos de la preparación ideal.

Llegó el día tan esperado. Nervios, emoción. Me desperté muy temprano. Me sentía listo. Mi único objetivo era terminarlo, sin importar el tiempo.

Puse todo lo que tenía. Corrí con el alma, con el corazón, con todo lo que había aprendido en esos seis meses. Terminé la carrera en 5 horas y 30 minutos, quedando en el primer cuarto de los competidores. Había logrado mi primer Ironman 70.3.

Ese día me volví a demostrar que no hay imposibles. Una vez más, el deporte me enseñó una gran lección de vida.

Reflexión personal

La vida nos pone frente a momentos en los que nos sentimos perdidos, sin rumbo, buscando algo que nos motive a seguir adelante. En esos momentos de cansancio y frustración, a veces encontramos desafíos que parecen inalcanzables, como montañas imposibles de escalar.

Pero es justamente en esos momentos de incertidumbre cuando tenemos la oportunidad de descubrir de qué estamos hechos. Los desafíos que parecen imposibles son, en realidad, puertas hacia nuestro crecimiento personal.

Decidir enfrentar un Ironman no fue solo una cuestión de esfuerzo físico. Fue un viaje interno, una lucha contra mis propios límites mentales. Aprendí que las barreras más difíciles de superar no son las del cuerpo, sino las de la mente.

Durante esos seis meses, muchas veces dudé de mí mismo. Me pregunté si sería capaz, si no estaba apuntando demasiado alto. Pero cada día de entrenamiento me enseñó que la clave del éxito no es la perfección, sino la constancia.

Y así es la vida. No importa cuán grande parezca el reto. Si te comprometes, si trabajas todos los días por tu objetivo, si sigues adelante a pesar del miedo y la duda, eventualmente llegarás a la meta.

Un mensaje para León

León, la vida te va a poner muchas veces en situaciones donde todo parezca difícil. Te vas a sentir pequeño ante desafíos enormes. Pero quiero que recuerdes siempre esto: lo difícil no es imposible.

Nunca fui el más rápido, ni el más fuerte. Nunca tuve la mejor preparación. Pero siempre tuve claro que, si quería algo, tenía que ir a buscarlo, sin excusas.

Si hay algo que soñás, perseguí ese sueño. Hacé lo que sea necesario. Trabajá duro. Rodeate de personas que te apoyen. Y, cuando sientas que no podés más, seguí un paso más. Porque la diferencia entre los que logran sus metas y los que no, es simplemente que los que llegan, nunca se rinden.

Vos podés hacer lo que te propongas. Solo tenés que decidirlo y trabajar para lograrlo. Nunca olvides que no hay imposibles, solo límites que todavía no aprendiste a supera

 

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