• Viajes, Experiencias... Libertad!
Social Open

Esto es miedo, no peligro.

No es miedo a empezar de cero.

Es cambiar el punto de apoyo.

Hoy abrí la Biblia sin buscar nada en particular.
Abrí y me tocaron dos salmos seguidos.
Después entendí que no eran los que creía, pero el mensaje era el mismo.

No hablaban de hacer más.
Hablaban de dónde uno apoya la vida.

Eso me dejó inquieto.

Durante mucho tiempo creí que mi estabilidad venía del movimiento.
Resolver.
Producir.
Avanzar.
Ganar.

Y no voy a mentir: eso me dio muchísimo.
Me dio seguridad.
Me dio identidad.
Me dio resultados.

Pero también me dio algo que normalicé demasiado tiempo:
ansiedad constante, presión interna, miedo silencioso a que el ritmo bajara.

Cuando todo fluía, estaba bien.
Cuando algo se trababa, yo me caía por dentro.

No era debilidad.
Era el precio de apoyar la paz en cosas externas.

 

Leyendo esos salmos entendí algo que no había querido ver del todo.

El problema no era el dinero.
El problema no era producir.
El problema no era querer avanzar.

El problema era necesitar eso para estar en paz.

Ahí aparece lo que la Biblia llama “ídolos”, pero que en la vida real se ve así:
• creer que si no entra dinero, algo está mal conmigo
• sentir culpa cuando no produzco
• necesitar tener todo claro para estar tranquilo
• buscar reconocimiento para confirmar que voy bien

Nada de eso es malo en sí.
El problema es apoyarse ahí.

Porque todo eso es inestable.

 

Hoy estoy en Uruguay, en una etapa distinta.
No siento que me haya equivocado.
No siento que esto no vaya a venir.
Sé que va a venir, aunque no sepa cómo.

Eso ya no me inquieta.

Lo que pesa ahora es otra cosa:
la responsabilidad.
La familia.
Sostener sin volver al modo ansiedad.

Porque no es lo mismo empezar de cero solo
que hacerlo cuando hay gente que depende de vos.

 

Antes, el movimiento me daba fuerza.
Hoy entiendo que también me tenía siempre en alerta.

Vivía resolviendo… pero tenso.
Avanzaba… pero preocupado.
Ganaba… pero con miedo a perder.

Y cuando faltaba un poco, emocionalmente me desarmaba.

Eso no era estabilidad.
Era rendimiento con fragilidad interna.

 

Hoy no estoy en pausa.
Estoy cambiando el punto de apoyo.

Estoy aprendiendo a moverme sin empujar el tiempo.
A producir sin castigarme.
A sostener sin vivir en urgencia.

No es cómodo.

El cuerpo tarda en entender que ya no está en peligro.
La mente quiere volver a lo conocido.
La culpa aparece cuando no estoy “haciendo”.

Pero ahora no huyo de eso.
Lo miro.
Lo escucho.

Y cuando aparece, me recuerdo algo simple:
“Esto es miedo, no es peligro.”

Entonces no acelero.
No me castigo.
No vuelvo al empuje viejo.

Lo dejo pasar.

Descansar en lo real no es que esté todo resuelto.
No es no tener miedo.
No es no pensar en el futuro.

Descansar en lo real es esto:
seguir vivo,
tener salud,
tener familia,
tener techo,
tener comida,
tener camino.

Aunque no vea el próximo paso completo.

Eso hoy lo agradezco de verdad.

 

Entendí algo importante en este proceso:

La ansiedad no es señal de que estoy haciendo algo mal.
Es señal de que estoy soltando apoyos viejos.

Y soltar apoyos duele.

Pero no rompe.

 

Hoy no reniego del movimiento.
Solo ya no apoyo mi paz en él.

Hoy no reniego del dinero.
Solo ya no lo uso como termómetro de mi valor.

Hoy no reniego de avanzar.
Solo no hipoteco la calma para hacerlo.

 

Si estás en una etapa parecida —
donde ya no dudás de tu camino,
pero estás aprendiendo a caminarlo sin ansiedad—
no estás retrocediendo.

Estás madurando.

Y aunque eso no siempre se vea en números,
es una de las bases más sólidas que se pueden construir.

Deja una respuesta

Your email address will not be published.

You may use these <abbr title="HyperText Markup Language">HTML</abbr> tags and attributes: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>

*