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SI QUERÉS JUGAR ARRIBA, TENÉS QUE CUIDAR TU ENERGÍA

Hay cosas que parecen pequeñas, pero cuestan carísimo.

No por la plata.

Por la energía que te sacan.

Un trámite que podrías delegar.
Una discusión innecesaria.
Un problema doméstico que otra persona podría resolver.
Una llamada que no deberías atender.
Un conflicto que no te corresponde.
Dos horas intentando solucionar algo que odiás hacer.

Y muchas veces creemos que estamos ahorrando dinero.

Pero quizás estamos gastando algo muchísimo más importante:

nuestra energía.

Con los años entendí que, cuanto más arriba querés jugar, más importante se vuelve cuidar tu estado.

Y no estoy hablando solamente de estar contento.

Estoy hablando de estar claro, enfocado, tranquilo y disponible mentalmente para tomar decisiones importantes.

Porque no podés pretender tomar decisiones de millones con una cabeza consumida por problemas de cien dólares.

TU ENERGÍA TAMBIÉN ES CAPITAL

Cuando empezás, hacés todo.

Vendés.

Comprás.

Facturás.

Pagás.

Atendés el teléfono.

Solucionás problemas.

Hacés trámites.

Contestás mensajes.

Controlás absolutamente todo.

Y está bien.

Muchas veces no queda otra.

El problema aparece cuando tu empresa, tu patrimonio o tu responsabilidad crecieron, pero vos seguís funcionando como cuando empezaste.

Seguís metiéndote en todo.

Seguís resolviendo cada pequeño incendio.

Seguís queriendo ahorrar en cosas que podrías delegar.

Seguís ocupando tu cabeza con problemas que ya no corresponden al nivel en el que estás jugando.

Y eso tiene un costo enorme.

Porque quizás durante esas dos horas no perdiste solamente dos horas.

Perdiste el estado mental que necesitabas para las próximas diez.

NO TODO MERECE TU ENERGÍA

Esto puede sonar arrogante si se interpreta mal.

No estoy diciendo que haya trabajos inferiores.

No estoy diciendo que una persona sea demasiado importante para hacer determinadas cosas.

Estoy diciendo otra cosa:

tenés que empezar a entender cuál es el mejor uso de tu energía.

Si otra persona puede solucionar algo perfectamente y vos podés utilizar esas mismas dos horas para crear, pensar, vender, diseñar una estrategia, cerrar un negocio o simplemente recuperar claridad, quizás delegar no sea un gasto.

Quizás sea una inversión.

Porque llega un momento en el que tu recurso más escaso deja de ser el dinero.

Empieza a ser tu atención.

LOS NEGOCIOS GRANDES NECESITAN CABEZAS TRANQUILAS

Cuanto más crecés, más pesadas pueden ser algunas decisiones.

Hay inversiones.

Socios.

Equipos.

Dinero de terceros.

Contratos.

Negociaciones.

Operaciones que pueden salir extraordinariamente bien o muy mal.

Y ahí necesitás estar despierto.

No podés llegar mentalmente destruido por veinte problemas pequeños y pretender tener tu mejor versión disponible para el problema realmente importante.

Por eso cuidar tu energía no es solamente bienestar.

También es estrategia.

Dormir bien.

Entrenar.

Estar con personas que te hacen bien.

Tener momentos de silencio.

Delegar.

Hacer cosas que disfrutás.

Alejarte de conflictos innecesarios.

Todo eso puede parecer que no tiene relación con producir.

Pero muchas veces es exactamente lo que permite producir mejor.

EL EMPRESARIO QUE NO SALE DE LA OPERACIÓN TERMINA PRESO DE ELLA

Este problema se ve muchísimo en las empresas.

Una persona crea un negocio.

Al principio hace absolutamente todo.

El negocio crece.

Pero ella no cambia.

Diez años después sigue revisando cada factura, autorizando cada pago, contestando cada problema y tomando decisiones que podría resolver otra persona.

Entonces aparentemente tiene una empresa grande.

Pero sigue pensando como cuando tenía una empresa chica.

Y hay una paradoja:

cuanto más se ocupa de todo, menos disponible está para aquello que solamente él puede hacer.

Pensar hacia dónde va la empresa.

Encontrar oportunidades.

Construir relaciones.

Tomar grandes decisiones.

Crear.

Liderar.

Mirar cinco años hacia adelante.

Si vivís mirando permanentemente el piso, difícilmente puedas ver lo que está llegando por el horizonte.

NO CONFUNDAS RESPONSABILIDAD CON CONTROL

Delegar tampoco significa desentenderse.

Podés delegar una tarea sin delegar la responsabilidad.

Podés tener información sin ejecutar todo vos.

Podés controlar resultados sin controlar cada movimiento.

Eso también es crecer.

Porque muchas veces decimos:

“Lo hago yo porque lo hago más rápido.”

“Lo hago yo porque nadie lo hace como yo.”

“Lo hago yo porque me ahorro plata.”

Perfecto.

Pero después no entendemos por qué no tenemos tiempo para construir algo más grande.

Quizás el problema no sea que te faltan oportunidades.

Quizás estás demasiado ocupado resolviendo cosas pequeñas para poder verlas.

Y TAMBIÉN TENÉS QUE CUIDAR TU ENTORNO

Hay otra parte todavía más difícil.

Las personas que te rodean influyen en tu estado.

No porque sean buenas o malas.

Simplemente porque cada persona está mirando la vida desde un lugar diferente.

Hay gente que vive permanentemente en el problema.

En la queja.

En el miedo.

En el conflicto.

En lo urgente.

Y si pasás demasiado tiempo ahí, terminás entrando en la misma frecuencia mental.

Por eso hay conversaciones que tenés que aprender a cortar.

Problemas que no tenés que adoptar.

Conflictos que no necesitás hacer tuyos.

Y personas a las que quizás primero tengas que explicarles qué estás intentando construir.

Algunas lo van a entender.

Otras no.

Y algunas quizás tengan que quedar más lejos.

No como castigo.

No porque seas mejor.

Simplemente porque no podés construir una vida diferente mientras entregás permanentemente tu energía a todo aquello que te devuelve al mismo lugar.

JUGAR ARRIBA

Jugar arriba no significa tener más dinero que los demás.

Significa poder sostener mayores responsabilidades sin perderte a vos mismo.

Tener problemas grandes sin vivir permanentemente estresado.

Mover dinero sin que el dinero maneje tus emociones.

Tomar decisiones difíciles sin reaccionar impulsivamente.

Saber cuándo actuar.

Saber cuándo esperar.

Y, sobre todo, saber dónde poner tu energía.

Porque cuando llegás a determinados niveles, todos saben trabajar.

Todos saben hacer negocios.

Todos tienen contactos.

Todos tienen información.

La diferencia muchas veces está en otra cosa:

quién puede mantenerse claro cuando las decisiones pesan.

Por eso, si querés crecer, quizás no necesites solamente aprender a hacer más.

Quizás tengas que aprender a hacer menos cosas que no te corresponden.

Delegar más.

Elegir mejor tus batallas.

Cuidar tus conversaciones.

Proteger tus momentos de claridad.

Y entender que tu paz también forma parte de tu patrimonio.

Porque el próximo nivel de tu vida probablemente no necesite una persona más ocupada.

Necesita una persona más clara.

Y cuidar tu energía no significa escapar de los problemas.

Significa elegir cuáles realmente merecen la mejor versión de vos.

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