Recuerdo algo que me quedó grabado:
una de las grandes mentiras de la Matrix es que la libertad es financiera.
Y es verdad.
Nos enseñaron que cuando tengamos millones, casas, motos, autos, viajes…
ahí sí vamos a estar bien.
Ahí sí vamos a ser libres.
Ahí sí vamos a poder respirar.
Pero no.
Porque por más que logres todo eso,
si no estás bien por dentro, seguís con sed.
Una sed rara.
Esa que no se calma con nada material.
Podés tener el auto de tus sueños y seguir sintiéndote vacío.
Podés mirar tu cuenta y que esté llena…
pero si vos no estás lleno, no sirve.
¿Y qué es estar lleno?
Estar lleno es tener paz.
Dormir bien.
Mirarte al espejo y estar orgulloso.
Sentirte conectado con algo más grande.
Llamalo Dios, universo, propósito…
pero algo que te ancle por dentro.
Cuando no tenés eso, necesitás distraerte.
Y ahí vienen los vicios, los excesos, las compras compulsivas, la ansiedad.
Todo para tapar algo.
Yo también estuve ahí.
Y entendí que no se trata de tener más.
Se trata de estar en paz con lo que sos, con lo que das, y con lo que construís.
Ahí es donde empieza la verdadera libertad.
No cuando ganás plata.
Sino cuando ya no necesitás que la plata te defina.
“No es que la plata esté mal.
Lo que está mal es creer que es lo único.”
Si no estás bien con vos…
vas a seguir con sed.
Y no hay botella que alcance.

