En Busca de Mi Propio Significado
A veces me pregunto: ¿cómo es posible sentir un vacío cuando, en teoría, no me falta nada? Tengo salud, una familia que me quiere, estabilidad financiera y tiempo para mí mismo. Y sin embargo, hay días en los que me invade una sensación de insatisfacción difícil de explicar.
He pasado por esto varias veces. Me ha pasado con el trabajo, con los deportes, con proyectos que en su momento fueron una pasión y luego dejaron de hacerme feliz. Como cuando entrenaba todos los días para ser el mejor en remo y un día, de la nada, ya no me hacía sentir nada. O cuando estaba metido de lleno en el mundo empresarial y, después de años de crecimiento, me di cuenta de que no me interesaba más.
Lo mismo sucede con las preocupaciones diarias: la economía, la política, los problemas que parecen no terminar nunca. Y ahí vuelve la pregunta: ¿por qué me siento así?
El aburrimiento y la búsqueda constante de más
Me doy cuenta de que muchas veces me encuentro persiguiendo algo nuevo: un proyecto, una meta, una experiencia. Y cuando lo alcanzo, la emoción dura un tiempo, pero después vuelve esa sensación de vacío.
¿Será que el aburrimiento tiene algo que ver con esto? ¿Que en realidad no me falta nada, sino que simplemente necesito vivir algo diferente? No tengo la respuesta exacta, pero me lo pregunto.
Lo que sí sé es que una estafa económica que viví hace un tiempo me hizo ver las cosas de otra manera. Me mostró que no quiero perder tiempo con relaciones superficiales o con trabajos que no me llenan. Prefiero una charla con un amigo o con alguien que realmente me cae bien antes que una reunión con un político solo porque “conviene” para los negocios. Disfruto otros momentos.
El ejemplo de Forrest Gump
Siempre me fascinó la historia de Forrest Gump. Un tipo que vivió su vida sin apegos, sin miedo a cambiar de rumbo. Fue a la guerra, luego se hizo empresario y millonario, después dejó todo y se dedicó a correr sin ninguna razón aparente. Cada vez que sentía que algo ya no tenía sentido, pegaba un giro de 360 grados y seguía adelante, sin importar lo que dejaba atrás.
Eso me hace pensar: ¿qué tan fácil es hacer lo mismo en la vida real?
Yo, en mi propia vida, he pegado varios volantazos. Dejé mi trabajo y viajé un año y medio por Latinoamérica. Volví y me convertí en un empresario exitoso. Luego me aburrí, cerré mis oficinas y me dediqué al deporte. Me volví atleta Ironman. Y así, más de una vez, cambié de rumbo.
Pero hay algo que es cierto: hacer esos cambios cuando no tenés nada es fácil. Hacerlo cuando tenés familia, raíces, estabilidad económica… es otro desafío.
Por eso, la verdadera pregunta no es si tenemos “todo” o “nada”, sino: ¿qué vida queremos en este momento de nuestra vida?
León
León, tal vez un día sientas que todo está bien en tu vida y, sin embargo, algo adentro tuyo te diga que no es suficiente. Que te falta algo.
Cuando eso pase, no te asustes. Es normal.
No se trata de que tengas poco o mucho, sino de que estés viviendo la experiencia que realmente necesitás en ese momento para crecer.
Si alguna vez sentís que la vida te aburre, animate a preguntarte: ¿estoy listo para un nuevo capítulo? Y si la respuesta es sí, entonces no tengas miedo de cambiar de rumbo.
La plenitud no está en lo que tenés, sino en cómo vivís cada momento.

