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¿Y si Dios ya te dio todo lo que necesitás para crear tu vida?

Durante mucho tiempo pensé que encontrar el camino era esperar una señal.

Que Dios me mostrara qué hacer.
Que apareciera la oportunidad correcta.
Que algo me confirmara: “es por acá”.

Pero últimamente empecé a hacerme una pregunta diferente:

¿Y si Dios no tiene que mostrarme el camino porque me dio las herramientas para crearlo?

Tal vez estar hechos a imagen y semejanza de Dios tenga un significado mucho más profundo del que solemos darle.

Si Dios es creador, quizás haya puesto también en nosotros una capacidad creadora.

No para controlar todo lo que ocurre.
No para evitar una enfermedad, impedir una muerte o conseguir cualquier cosa simplemente deseándola.

Eso sería convertir la espiritualidad en pensamiento mágico.

Hablo de otro poder.

El poder de imaginar algo que todavía no existe.
De elegir.
De cambiar.
De tomar decisiones.
De construir.
De darle significado a lo que vivimos.
De convertir una idea en una realidad.

Una casa existe dos veces: primero en la imaginación de alguien y después en el mundo.

Una empresa también.

Un viaje.

Una familia.

Un libro.

Una nueva vida.

Incluso la persona en la que queremos convertirnos existe primero como posibilidad.

Y ahí entendí algo todavía más interesante.

Necesitamos los contrarios

¿Cómo podríamos experimentar valentía si nunca sintiéramos miedo?

¿Cómo sabríamos qué significa libertad si jamás hubiéramos sentido que nuestra vida estaba atrapada?

¿Cómo experimentaríamos abundancia sin conocer la sensación de escasez?

¿Cómo elegiríamos amar si no existiera la posibilidad de actuar desde el miedo?

Quizás los contrarios no estén solamente para complicarnos la vida.

Quizás los contrarios no crean nuestros poderes. Los revelan.

El miedo te permite descubrir tu valentía.

La incertidumbre, tu capacidad de decidir.

La escasez, tu capacidad de crear.

La dificultad, tu fortaleza.

No porque necesitemos sufrir para crecer. Ni porque todo lo malo que sucede tenga una explicación divina.

Simplemente porque muchas veces conocemos una parte de nosotros cuando la vida nos pone frente a su contrario.

Entonces cambia la pregunta

Durante años podemos vivir preguntándonos:

“¿Qué quiere Dios de mí?”

“¿Cuál es mi propósito?”

“¿Estoy tomando la decisión correcta?”

“¿Por qué no me manda una señal?”

“¿Por qué no aparece aquello que estoy esperando?”

Pero quizá haya otra manera de relacionarnos con Dios.

Tal vez la pregunta no sea solamente:

“Dios, ¿qué querés que haga?”

Tal vez también sea:

“Dios, ¿qué puedo crear con todo lo que pusiste en mis manos?”

Porque tenemos conciencia.

Tenemos imaginación.

Tenemos palabra.

Tenemos capacidad de actuar.

Tenemos libertad para elegir.

Y tenemos algo extraordinario: podemos observar la vida que estamos viviendo y decidir que queremos construir algo diferente.

Pensamiento, palabra y acción

Todo empieza mucho antes de que aparezca un resultado.

Primero pensamos.

Después ese pensamiento empieza a aparecer en nuestras palabras.

Y finalmente nuestras palabras terminan condicionando nuestras acciones.

Si pienso permanentemente que no puedo, probablemente actúe como alguien que no puede.

Si estoy convencido de que todo va a salir mal, muchas de mis decisiones van a estar tomadas desde el miedo.

Si creo que nunca alcanza, puedo tener muchísimo y seguir viviendo desde la escasez.

Por eso crear nuestra vida no significa sentarnos en el sillón a visualizar una Ferrari hasta que aparezca en la puerta.

Significa entender que aquello que pensamos modifica aquello que elegimos, aquello que elegimos modifica cómo actuamos y nuestras acciones modifican nuestra realidad.

No controlamos todo.

Pero tampoco somos simples espectadores.

Amor o miedo

Y quizás detrás de muchísimas decisiones exista una pregunta todavía más simple:

¿Estoy eligiendo desde el amor o desde el miedo?

Acumular porque tengo miedo de quedarme sin nada.

Trabajar sin parar porque tengo miedo de dejar de ser importante.

No cambiar porque tengo miedo de equivocarme.

No irme porque tengo miedo de perder.

Buscar desesperadamente una señal porque tengo miedo de elegir.

El miedo busca garantías.

El amor acepta que vivir también implica incertidumbre.

Y tal vez ser libre no sea eliminar todos nuestros miedos.

Tal vez sea dejar de permitir que nuestros miedos diseñen nuestra vida.

Quizás no vinimos solamente a encontrarnos

Esta idea me parece todavía más poderosa.

Pasamos años diciendo:

“Quiero encontrarme.”

“Quiero descubrir mi propósito.”

“Quiero saber quién soy.”

Pero ¿y si no hay un Martín terminado escondido en algún lugar esperando que yo finalmente lo encuentre?

¿Y si también estoy acá para crearlo?

Cada decisión sería entonces una declaración.

Esto elijo.

Esto ya no.

Esto quiero conservar.

Esto quiero soltar.

Esta persona quiero ser.

Y cada día, consciente o inconscientemente, vamos respondiendo esa pregunta.

Quizás recordar sea parte del camino

De chicos soñamos con una facilidad increíble.

Después aparecen los límites.

Lo razonable.

Lo que corresponde.

Lo que hace todo el mundo.

Las expectativas familiares.

La comparación.

El miedo.

El dinero.

Y lentamente podemos olvidarnos de nosotros mismos.

Quizás crecer espiritualmente no consista solamente en aprender cosas nuevas.

Quizás también consista en recordar.

Recordar qué nos hacía sentir vivos.

Recordar qué queríamos antes de empezar a preguntarnos si era conveniente.

Recordar que tenemos capacidad de elegir.

Recordar que todavía podemos cambiar.

Recordar que nuestra historia anterior explica muchas cosas, pero no necesariamente determina las próximas páginas.

No luches toda la vida contra aquello que no querés

Hay otra idea que me quedó dando vueltas.

Muchas veces ponemos toda nuestra energía en combatir aquello que queremos eliminar.

No quiero tener miedo.

No quiero trabajar tanto.

No quiero preocuparme por plata.

No quiero vivir así.

Pero quizás haya una pregunta mejor:

¿Qué quiero construir en su lugar?

Porque vivir libre no consiste solamente en escapar de una vida que no queremos.

Consiste en crear una que sí queramos vivir.

Y ahí, para mí, aparece Dios de una manera diferente.

No necesariamente como alguien que mueve cada pieza del tablero mientras nosotros esperamos.

Sino como el origen de la vida, de nuestra conciencia, de nuestra capacidad de amar, imaginar, decidir y crear.

Tal vez muchas veces le pedimos:

“Dios, hacé algo.”

cuando la respuesta podría estar mucho más cerca:

“Ya te di con qué empezar.”

No sé si podemos crear todo lo que queramos.

La vida me demostró demasiadas veces que hay cosas que no controlamos.

Pero sí estoy empezando a creer algo:

tenemos muchísimo más poder para crear nuestra vida del que pensamos.

Y quizás vivir libre empiece justamente ahí.

Dejando de preguntarnos todo el tiempo:

“¿Qué va a pasar conmigo?”

para empezar a preguntarnos:

“¿Qué voy a crear con la vida que me fue dada?”

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