Hoy salí de casa con ganas de caminar.
No tenía ganas de gimnasio. Tenía ganas de una caminata larga, de esas que te despejan la cabeza.
El problema era el día.
Hacía un frío de cagarse. Muchísimo viento. El clima estaba terrible.
Me subí a la camioneta y empezó a lloviznar.
Pensé: bueno, voy al gimnasio.
Mientras avanzaba empezó a salir el sol.
Cuando llegué al gimnasio, otra vez lloviznaba.
Y dije:
No. Me voy a caminar.
Me fui para la playa, el puerto, toda esa vuelta que me encanta hacer.
Y apenas arranqué, empezó a llover.
Hacía frío. Mucho.
El viento me pegaba en la cara, me mojaba, me dolía la cara del frío. No tenía ropa para lluvia, aunque por suerte estaba bastante abrigado.
Pero seguí.
Y pasó algo hermoso.
La lluvia paró.
Después volvió.
Después salió un poquito el sol.
Volvió el viento.
Volvió el frío.
Y finalmente, cuando estaba haciendo los últimos kilómetros, salió un sol increíble.
Ese mismo viento que un rato antes me congelaba la cara ahora ya no me molestaba.
El sol me daba calor.
Y mientras caminaba pensé:
Es esto.
Sin el frío no existe ese sol
Ayer y hoy estuve pensando mucho en las subidas y bajadas de la vida.
En el amor y el temor.
En la luz y la oscuridad.
Y hay algo que cada vez entiendo más:
para conocer realmente la luz, en algún momento tenés que haber conocido la oscuridad.
Porque si toda tu vida fuera luz, ¿cómo sabrías que es luz?
No tendrías con qué compararla.
Lo mismo me pasó hoy.
Ese rayito de sol me parecía espectacular porque veinte minutos antes me estaba cagando de frío.
Sentía el calor en la cara y lo disfrutaba de una manera que probablemente no hubiera disfrutado si hubiese salido de mi casa con 25 grados y un cielo despejado.
Necesité el frío para sentir ese sol de otra manera.
Y creo que con la vida pasa exactamente lo mismo.
Queremos solamente la parte linda
Queremos que nos vaya bien.
Queremos tener plata.
Queremos estar sanos.
Queremos que nuestros proyectos funcionen.
Queremos sentirnos motivados.
Queremos amar y que nos amen.
Queremos días de sol.
Pero la vida no funciona así.
Hay sol.
Hay lluvia.
Hay frío.
Hay viento.
Hay momentos en los que todo parece avanzar y otros en los que no entendés una mierda qué está pasando.
Y quizás el problema no sean esos momentos.
Quizás el problema sea que creemos que no deberían existir.
Entonces peleamos contra ellos.
Nos preguntamos:
¿Por qué ahora?
¿Por qué a mí?
¿Por qué esto no funciona?
¿Por qué después de estar tan bien vuelvo a estar mal?
Y quizás no haya nada mal.
Quizás simplemente cambió el clima.
Todo pasa
Hoy, mientras me mojaba, yo sabía que en algún momento iba a parar.
Podían ser diez minutos, una hora o toda la caminata.
Pero esa nube no se iba a quedar arriba mío para siempre.
Y esto parece una boludez, pero qué diferente sería nuestra vida si pudiéramos recordar eso cuando estamos atravesando un momento difícil:
esto también va a pasar.
Cuando estás en medio de un problema parece eterno.
Cuando falta plata, parece eterno.
Cuando un negocio no funciona, parece eterno.
Cuando estás triste, parece eterno.
Cuando tenés miedo, parece eterno.
Pero no.
Son climas.
Y los climas cambian.
No necesitás disfrutar solamente cuando sale el sol
Y acá apareció para mí lo más importante de toda la caminata.
Yo disfruté también la lluvia.
Disfruté el viento.
Disfruté el frío.
Iba escuchando música.
Miraba los pájaros tratando de volar con ese viento tremendo.
Miraba la espuma del mar.
Las olas completamente incontrolables.
El cielo cambiando.
Y pensé:
qué hermosa que es la vida.
No cuando salió el sol.
Durante todo el camino.
Ahí entendí algo.
Quizás vivir bien no sea conseguir que siempre haya sol.
Quizás sea aprender a caminar también cuando llueve.
Porque si condicionamos nuestra felicidad a que todo esté bien, vamos a pasar gran parte de nuestra vida esperando.
Esperando que termine el problema.
Esperando ganar más.
Esperando que mejore el negocio.
Esperando sentirnos mejor.
Esperando que salga el sol.
Y mientras esperamos…
la vida está pasando igual.
No sé si existen momentos buenos y malos
Cada vez me cuesta más ponerles esas etiquetas.
“Esto fue bueno.”
“Esto fue malo.”
Porque hubo cosas que cuando me pasaron pensé que eran una mierda y años después entendí para qué habían llegado.
Me hicieron cambiar.
Me hicieron más fuerte.
Me obligaron a moverme.
Me hicieron valorar algo que antes daba por sentado.
Me mostraron una parte mía que no conocía.
Entonces quizás algunas cosas no sean buenas ni malas.
Son experiencias.
Algunas son hermosas.
Otras duelen.
Pero todas te permiten conocer un poco más la vida.
Y también conocerte un poco más a vos.
La ecuación es el camino completo
Siempre que quieras construir algo importante vas a atravesar las dos cosas.
Amor y temor.
Seguridad e incertidumbre.
Luz y oscuridad.
Sol y lluvia.
No podés pretender elegir solamente una parte del viaje.
Y quizás tampoco deberías.
Porque el frío te prepara para sentir el calor.
La oscuridad te permite reconocer la luz.
El miedo te muestra el valor de actuar desde el amor.
Y los momentos difíciles muchas veces terminan expandiendo nuestra capacidad de disfrutar los buenos.
Por eso hoy terminé esta caminata pensando algo muy simple:
no quiero una vida en la que siempre salga el sol.
Quiero una vida en la que pueda seguir caminando cuando llueve.
Que pueda disfrutar el paisaje mientras hace frío.
Que pueda entender que ninguna tormenta es eterna.
Y que cuando finalmente aparezca ese rayo de sol…
tenga la conciencia suficiente para detenerme, sentirlo en la cara y agradecerlo.
Porque quizás vivir libres sea también eso.
Dejar de esperar que la vida tenga siempre buen clima para empezar a disfrutarla.
Hoy hubo lluvia, frío, viento y sol.
Y por fortuna pude disfrutarlo todo.
Qué hermosa que es la vida.

