Sin miedo, hay fe
“El miedo y la fe no pueden habitar el mismo espacio. Uno expulsa al otro. Elige cuál te guía.”
León, hay algo que tenés que saber: el miedo y la fe no pueden coexistir. Son fuerzas opuestas, como la oscuridad y la luz.
Si el miedo está presente, la fe desaparece. Pero si hay fe, el miedo no tiene lugar.
El miedo es un impostor
El miedo no es real en el sentido en que lo imaginamos. No es un monstruo que nos persigue, no es una verdad absoluta. Es una proyección de nuestra mente, un cálculo de riesgos que muchas veces exagera los peligros y minimiza nuestras capacidades.
Pensá en cuántas veces dejaste de hacer algo por miedo.
Miedo a fracasar.
Miedo al qué dirán.
Miedo a perder lo que tenés.
Ahora pensá cuántas de esas veces, cuando finalmente te animaste, te diste cuenta de que el miedo era más grande en tu cabeza que en la realidad.
El miedo paraliza. Te hace dudar, te mantiene en el mismo lugar. Y la duda es el peor enemigo de los que quieren avanzar.
La fe es acción
La fe, en cambio, es movimiento. Es la certeza de que, aunque no veas el camino completo, cada paso te lleva más cerca de tu destino.
No hablo de una fe ciega, pasiva, que espera milagros sin hacer nada. Hablo de la fe que te empuja a tomar decisiones con confianza, aun cuando no tenés garantías.
Porque la verdad es esta: nadie tiene garantías.
No hay certezas absolutas en la vida. Pero los que confían y actúan, los que eligen la fe sobre el miedo, terminan creando sus propias certezas.
La ley del ritmo: todo está equilibrado
En el universo, todo funciona en ciclos. Como las olas del mar, la vida tiene momentos de calma y momentos de tormenta. Todo sube y baja, todo avanza y retrocede.
A veces te va a parecer que las cosas no salen, que las puertas no se abren. Es ahí donde entra en juego la fe. Saber que, aunque hoy la marea esté baja, en algún momento volverá a subir.
Pero si te dominás por el miedo en esos momentos de incertidumbre, lo único que vas a hacer es quedarte quieto y esperar a que algo cambie. Y la vida no espera.
La clave está en seguir remando, aun cuando el viento no sople a favor.
Elegí qué te guía
Cada día tomás una decisión: dejar que el miedo te frene o dejar que la fe te impulse.
No es una elección que se hace una vez y ya está. Es algo que tenés que recordar en cada desafío, en cada salto, en cada momento donde la duda se asome.
La vida siempre te va a poner a prueba. Pero cuando entiendas que el miedo es solo un espejismo y que la fe mueve montañas, todo va a cambiar.
Y ahí, León, es cuando realmente vas a empezar a vivir libre.

