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La libertad no es económica

 

La mayoría de la gente confunde libertad con dinero.

Creen que cuando tengan más plata, más propiedades o más rentas, van a ser libres.

Y eso es mentira.

La libertad no es económica, la libertad es espiritual.

No podés ser libre si tu mente no lo es.

Y tu mente no puede ser libre si vive pensando todo el tiempo en el futuro o en el pasado.

Tampoco si vive persiguiendo el dinero.

Porque cuando perseguís, vibrás en carencia.

Y todo lo que perseguís desde la carencia… se te escapa.

Nos enseñaron mal.

Nos educaron para ser empleados del sistema.

Nos dijeron que “si estudiás, trabajás y ahorrás, vas a ser libre”.

Y eso fue una gran mentira.

La falsa libertad del dinero

Cuando viajaba por Latinoamérica con menos de 100 dólares en el bolsillo,

le pedía a Dios o al Universo algo tan simple como:

“Si algún día gano mil dólares por mes, dejo todo y vivo feliz.”

En ese momento gastaba quinientos.

Me sentía pleno.

Pero cuando llegué a los mil, ya no alcanzaba.

Quería mil quinientos, después dos mil, después tres mil.

Y así te vas enroscando,

porque el dinero tiene algo adictivo: si lo perseguís, te domina.

Yo pensé que una moto me iba a dar libertad.

Después tuve dos, después ocho.

Y terminé vendiéndolas,

porque me di cuenta de que no era dueño de ellas,

ellas eran dueñas de mí.

El dinero no es malo,

pero el amor por el dinero sí lo es.

Porque cuando el dinero se vuelve tu norte,

perdés el rumbo del alma.

La libertad empieza en la mente

La libertad no tiene nada que ver con lo que tenés.

Tiene que ver con lo que sos.

Con vivir en el presente.

Con no necesitar escapar a ningún lado para sentirte bien.

Tu mente en el futuro es ansiedad.

Tu mente en el pasado es culpa.

Tu mente en el presente… es paz.

Y la paz es la verdadera libertad.

Disciplina, cuerpo y carácter

Aristóteles lo dijo hace más de 300 años antes de Cristo:

“El pensamiento condiciona la acción y la acción determina el comportamiento.”

Si querés ser libre, tenés que tener carácter.

Y el carácter se construye con acción.

Con disciplina.

Con esfuerzo.

El mundo está lleno de blandos.

De gente que se queja, que mira noticias, que critica a los que se animan.

De personas que dicen “no hace falta” o “no necesito tanto”.

Y después se preguntan por qué no se sienten plenos.

No hay fórmulas mágicas,

no hay cursos de abundancia ni atajos espirituales.

Hay trabajo, constancia y propósito.

Y cuando entendés eso,

dejás de empujar y empezás a atraer.

 

Si hoy no te sentís bien con tu vida, empezá por vos.

Cambiá tu cuerpo, tu entorno, tu energía.

Porque cuando vos cambiás, todo cambia.

No busques la libertad en una cuenta bancaria.

Buscala adentro,

en tu mente, en tu alma, en tu disciplina.

Y ahí vas a entender lo que pocos entienden:

que la verdadera libertad no se compra,

se vibra.

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