Hay procesos que no se explican, se atraviesan
Hay etapas de la vida donde no todo se entiende.
No es que esté mal.
Simplemente no está terminado.
Seguís caminando,
pero sin certezas,
sin aplausos,
sin garantías.
Y ahí aparece la tentación de enredarte,
de distraerte,
de buscar ruido para no sentir el silencio.
Pero hay algo que uno aprende con el tiempo:
cuando estás en proceso, el foco es todo.
⸻
No todo lo que aparece es para vos.
No toda charla suma.
No toda oportunidad conviene.
Hay momentos donde crecer es no desviarse,
aunque el camino sea lento.
⸻
También hay incomodidad.
Privarte de cosas.
Decir que no cuando podrías decir que sí.
No porque esté prohibido,
sino porque no es el momento.
Y eso no es castigo.
Es entrenamiento.
⸻
Todo lo verdadero se construye así:
primero raíz,
después fruto.
Querer llegar rápido no siempre es ambición.
A veces es miedo.
⸻
Hoy no tengo todo claro.
Y ya no me peleo con eso.
Aprendí que la claridad no siempre viene antes.
Muchas veces aparece mientras seguís caminando.
⸻
Hay días donde dudás.
Donde te cansás.
Donde no sabés si vas bien.
Y aun así, algo adentro te sostiene.
No porque seas fuerte,
sino porque hay algo más fuerte sosteniéndote.
⸻
No necesito explicar demasiado.
Ni convencer a nadie.
Solo seguir caminando sin traicionarme.
Y si este momento de tu vida se parece un poco a esto,
no estás perdido.
Estás atravesando.
Y eso, aunque no se vea,
también es avanzar.
Esta reflexión nace de 2 Timoteo 2:1–13.
Si querés profundizar, podés leer ese pasaje

