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El chaman y la Última Prueba Antes del Éxito

El chaman  y la Última Prueba Antes del Éxito

Siempre pasa lo mismo. Justo antes de la victoria, aparece un obstáculo. Como si la vida te pusiera a prueba para ver si realmente lo querés, si tenés la determinación suficiente para seguir adelante. Es como en una maratón: los primeros kilómetros se sienten livianos, el entusiasmo empuja. Pero cuando llegás al kilómetro 35, el cuerpo empieza a gritar, la mente quiere frenar, y ahí es donde se define todo. Los que siguen avanzando, aún con dolor, son los que cruzan la meta.

Lo entendí por primera vez cuando tenía 18 años y me lancé a la ruta con un amigo. No teníamos plata, pero sí ganas de viajar. Así que armamos las mochilas con lo que encontramos en casa: un paquete de fideos, algo de arroz, un par de latas y una garrafa de un kilo que conseguimos en lo de mi abuelo. Llevamos un mecherito y una olla, y con eso nos largamos a hacer dedo.

Fue un viaje increíble. La gente nos levantaba, nos contaba historias, nos llevaba de un pueblo a otro. Cada nuevo tramo era una aventura. Hasta que llegamos a Bahía Blanca. Ahí nos dejó un camionero en una estación de servicio… y ahí nos quedamos. Un día. Dos días. Tres días. Nadie nos levantaba. La emoción del viaje se transformó en frustración. Nos bajoneamos. ¿Y si hasta acá había llegado nuestra aventura? ¿Y si teníamos que aceptar que no podíamos seguir y volver a Rosario?

Y entonces apareció él.

Era un tipo extraño. Vestía un atuendo raro, medio indio, medio hippie. Lo terminamos llamando “el Chaman”. Nos pusimos a hablar, le contamos nuestra historia, le dijimos que estábamos medio muertos de bronca porque nadie nos llevaba. Se nos quedó mirando con una calma absoluta y nos dijo algo que se me quedó grabado para siempre:

—Miren, en la vida, cada vez que se pongan un objetivo, va a llegar un momento en que todo se complique. Y siempre es cerca del final. Siempre aparecen obstáculos en el último tramo del camino, justo cuando están por lograrlo. Es como si la vida les preguntara: ¿de verdad lo querés? Y ahí es donde muchos se rinden. Pero ustedes no. Ustedes se ponen de pie, guardan los bolsos y se preparan. Porque cuando pasen esta prueba, la meta va a estar ahí nomás.

Nos quedamos mirándolo sin saber qué decir.

—Así que pónganse de pie, armen la carpa, guarden los bolsos, preparen todo… porque hoy mismo los van a llevar.

No había pasado ni una hora cuando paró un camión. Nos subimos y nos llevó de un tirón hasta Choele Choel. Y desde ahí, seguimos viaje hasta Puerto Madryn y recorrimos toda la Patagonia.

Esa enseñanza me acompañó toda la vida. Cuando todo parece trabarse, cuando la tentación de rendirse es fuerte, cuando las dudas empiezan a ganar terreno, sé que en realidad estoy en la recta final. Y si en ese momento me mantengo firme y sigo avanzando, la meta inevitablemente llega.

Porque después del obstáculo, siempre viene la recompensa.

León, cuando persigas un sueño, recordá esto: siempre habrá un momento en que parezca que todo se pone cuesta arriba. Va a ser la parte más difícil del camino, la que te haga dudar, la que te tiente a rendirte. Pero justo ahí, cuando más difícil parezca, es cuando más cerca vas a estar de lograrlo.

No te frenes. No te rindas. Ajustate la mochila, levantá la cabeza y seguí caminando. Porque la meta, aunque no la veas, ya está ahí. Esperándote.

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