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Donde hay luz, no entra la sombra

 

A lo largo de nuestra vida, es inevitable cruzarnos con personas que, consciente o inconscientemente, proyectan malas energías. Puede ser envidia, resentimiento, críticas injustificadas o simplemente una incomodidad hacia nuestra luz. Muchas veces, quienes vivimos con plenitud y trabajamos para construir una buena vida —en nuestra salud, trabajo, relaciones o bienestar general—, atraemos esas miradas que, en vez de inspirarse, nos cuestionan o intentan apagarnos.

La envidia, dicen algunos, es como una brujería. Tiene fuerza, es palpable. Incluso hay quienes llegan a pensar que las cosas malas que les suceden son resultado de esas malas vibraciones. Pero cuando lo analizamos más profundamente, surge una pregunta clave: ¿realmente tienen poder esas energías externas sobre nosotros? Mi respuesta, después de mucho reflexionar, es clara: solo nos afecta lo que permitimos que entre.

Es como un virus. Si tus defensas están altas, ese virus no tiene cómo atacarte. Pero si estás débil, si estás en un momento de duda, tristeza o desconexión, cualquier energía externa encuentra una puerta abierta para colarse. Por eso, el verdadero desafío no es protegernos de las malas energías, sino fortalecer nuestra propia luz.

La importancia de cuidar nuestra energía

Cuidar nuestra energía es como cuidar un jardín. Es un trabajo constante: limpiar las malas hierbas, regar las flores, darles espacio para crecer. En nuestra vida, eso significa:

•Elegir bien con quién compartimos nuestro tiempo. Hay personas que no suman, que drenan nuestra vitalidad. A veces, es necesario alejarnos, aunque cueste. Aprender a decir “no” es un acto de amor propio.

•Desprendernos de lo que ya no nos sirve. Sea un trabajo, una relación, un círculo social o un hábito que nos estanca, debemos tener el coraje de soltar. Si no hacemos espacio, la energía nueva no puede entrar.

•Cultivar momentos de soledad. Estar solo no es estar vacío. Es una oportunidad para conectar con uno mismo, para reflexionar, meditar, leer, crear, descubrir.

El error que muchos cometemos es aferrarnos a situaciones o personas que nos desgastan, por miedo a quedarnos solos o a enfrentar lo desconocido. Pero, ¿qué es mejor? ¿Estar acompañado por una energía que te hunde o caminar solo hacia tu crecimiento? La respuesta es evidente: la calidad de tu energía es más importante que cualquier compañía.

El poder de vibrar alto

Cuando una persona está en su máxima plenitud, vibrando alto, no hay espacio para la oscuridad. Puedes compartir tus logros, disfrutar de lo que tienes y mostrarte al mundo sin miedo. Algunos dirán: “No muestres lo que tienes, no compartas tus éxitos, porque atraes la envidia”. Pero yo creo lo contrario: cuando vibras desde la seguridad y la luz, esas energías negativas simplemente no tienen fuerza contra ti.

Piensa en esto: si alguien está lleno de resentimiento o envidia hacia ti, ese es su problema, no el tuyo. Tú no puedes controlar cómo los demás reaccionan a tu éxito, pero sí puedes controlar cómo lo vives. Entonces, ¿por qué esconder lo que te da alegría? Si tienes ganas de compartir tu viaje, tu logro, tu familia o tu auto, hazlo. No por los demás, sino por ti.

Los famosos haters son el mejor ejemplo. Personas que, desde su vacío, intentan opacar lo que otros construyen. Pero si tú estás sólido, pleno, con una energía elevada, sus comentarios no tienen dónde asentarse. Donde hay luz, no entra la sombra.

Conclusión: la clave está en tu interior

La clave para vivir libre y pleno no es evitar las malas energías, sino fortalecer la tuya. Cuida tu cuerpo, tu mente, tus relaciones y tu espacio. Sé selectivo con lo que dejas entrar y aléjate de lo que no te hace bien. No temas estar solo; teme perder tu esencia por complacer a los demás.

Cuando trabajas en tu bienestar y te mantienes firme en tu luz, ninguna sombra puede alcanzarte. Tu plenitud es tu mejor escudo. Vibrar alto no solo te protege, sino que también inspira a otros a encender su propia luz.

 

El ejemplo de Buda: no aceptar el regalo

Hay una historia muy conocida sobre Buda que ejemplifica esto de manera magistral. Cuentan que, en una ocasión, varios hombres se propusieron sacarlo de su eje. Lo insultaban, le gritaban, lo trataban mal y le decían todo tipo de cosas feas, buscando provocarlo.

Un observador, curioso por su reacción, le preguntó:

—Buda, ¿por qué nunca te molestas con todo lo que te dicen?

Buda respondió con calma:

—Si una persona viene y me insulta, me dice cosas feas, o me grita, eso es como si me trajera un regalo. Si yo no acepto el regalo, ¿qué sucede? Si yo no lo recibo, ese regalo se lo lleva consigo.

Esa es la clave: toda la negatividad, toda la mala energía que alguien pueda lanzar contra ti, no tiene por qué afectarte si no la aceptas. Si decides no recibir ese “regalo” envenenado, la carga sigue siendo de quien lo trae.

La enseñanza: la oscuridad no tiene lugar en la luz

Esta historia nos enseña que, así como Buda, todos podemos decidir no aceptar las malas energías que otros intentan imponernos. Si alguien nos tira negatividad, envidia, o críticas, solo se convierte en nuestro problema si nosotros lo dejamos entrar. Es como abrir una puerta: nadie puede entrar a tu casa si no le das permiso.

Cuando vibramos alto, cuando estamos centrados en nuestra luz, no hay espacio para esa oscuridad. Podrán intentarlo, pero todo lo que nos tiren simplemente rebotará y volverá a ellos. Como Buda decía, el “regalo” que no aceptamos, se queda con el que lo ofrece.

 

 

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